Por Giuseppe Schievenini
Persiana Maastrichtsiana
Paraíso que ahora me parece tan irreal,
abismo lejano;
donde nos abandonamos
entre bicicletas con alas,
libros intactos,
y aviones en los elevadores;
donde nos extraviamos entre
iglesias hechas discotecas,
puentes arqueados por el frío,
y música skratcheada por el naranja
de los tabiques
de su ciudad.
El carruaje del tiempo se detuvo,
en la plaza Vritjof
y se sentó a platicar
con nosotros
del mal clima,
de la mala comida,
en el café al aire libre,
en el café hecho tienda,
con una Duvel de monasterio
servida en una copa de cristal;
recargado sobre una silla de mimbre
dio dos tragos
uno rápido
y
otro lento.
Fulgurante embriaguez de juventud
llena de enigmas inagotables e
incomprensibles.
En ese “fue”
lleno de tulipanes gigantes
y estudiantes apócrifos,
que no aprendían,
vivían,
sabían y no sabían:
que cada trago de cerveza
es para siempre,
que cada calada de cannabis
era para ayer
que cada examen de ética
era para antes,
que cada plaza conquistada
era para después;
y que los maestros de los Dioses
son los misterios indescifrables
que flotan sobre ese humo
que se convertía en:
Resplandor
Enredaderas envueltas
en cerveza barata,
(pseudo maduración
de las ideas de lo que fue).
Cuatrocientos trece,
protector del pub
de los salvajes performanceros,
fiel amigo que nos saluda
y resucita en ayeres envejecedores,
cada que alguien va hacerle
una fotografía hasta
Maastricht,
y que refresca nuestros recuerdos
en donde algún día existimos.
Ahí se encontraba la calle
de la “pared”
esperando a que viajáramos
sobre el lomo de su cuervo negro,
con su interminable menú,
un día después de clases
multiculturales,
y el Heaven 69,
con sus cremosos
macarrones canábicos.
Centro Cultubar donde la leche
de chocolate sabe
a lo que significa,
-las papas fritas saben a
hierba pastosa-
y el cordero de Dios
es un sharma Turco
de apellido Sánchez.
Hospital psiquiátrico
hecho centro de activación,
de la respuesta,
(de los tecnológicos)
cuando nos preguntamos
¿qué pasó?
Como se confunden entre recuerdos,
aquellas camas,
aquellas mañanas heladas
aquellas facultades repletas de estudiantes
aquellos pisos llenos de Mexicanos,
aquellos olores disfrazados
aquellos atardeceres psicodélicos
aquellos viajes por carretera
aquellos amigos
que se albergaban en los sueños
de regresar algún día.
broder
Comenten mi escrito chacales…